
Por Waldemar Verdugo Fuentes
Fragmentos Publicados en “Vogue”-México
Fragmentos Publicados en “Gabriela Mistral en México”, diario UnoMásUno, México, D.F. 7, 14, 21 y 28 de octubre de 1988.
Es Mitla
una de las arquitecturas arcaicas más hermosas de América. Y señala el sitio en
que se encuentra la entrada y la salida de la Eternidad. Mitla es una puerta más que una ciudad y por
ella, cuentan los lugareños, todo el mundo cruza, aunque no se sabe de uno que
haya vuelto. Los palacios de Mitla figuran entre los más sofisticados de la antigüedad.
Sobresale la decoración de sus monumentos por una belleza excepcional: diseño
geométrico, habilidad y movimiento se conjugan en las decoraciones formadas
como un rompecabezas, con diminutas piezas de piedra labrada unidas sin la
utilización de ningún tipo de estuco, que forman diseños a manera de grecas,
con su propio significado. Los cronistas españoles cuando se refieren a la
arquitectura de esta ciudad ceremonial, lo hacen mezclando la admiración con el
espanto de reconocer tal grandeza arquitectónica dedicada a la muerte. Hoy,
recién brotando de la tierra por gracia de la arqueología, la ciudad, como hace
milenios, está protegida por perros salvajes que al caer la noche no permiten
el paso a otro ser vivo. Cubiertos sus muros de escritura tallada en la piedra,
Mitla parece un enorme libro que solo es posible leer usando algo más que los
ojos.
La civilización zapoteca sobrevive en México
como el tercer grupo étnico más numeroso después del Náhuatl y el Maya. Son
menos de 500.000 personas, y descienden del singular grupo humano que se asentó
en el noroeste mexicano hace no menos de 3.000 años. Poseen un idioma que les
es propio, con cierta musicalidad semejante al sánscrito; en la actualidad se
conserva monolingüe un 20 por ciento de su población, el resto habla además el
español. Los Zapotecos trajeron de su oscuro lugar de origen una alta
sabiduría; su sistema de escritura se ha
preservado en jeroglífico, siendo Mitla, como se ve, una ciudad ceremonial envuelta
en piedra tallada con escritura. Dominaban la botánica y las matemáticas,
tenían un dominio preciso de la cuenta de los días y poseían conocimientos
astrológicos avanzados: por ejemplo, siempre supieron que la Tierra era
redonda. Sus orfebres trabajaban especialmente el oro, logrando perfección en
sus piezas de joyería; hoy es pobre este pueblo, cuyos nobles ocupaban un sitio
privilegiado en la corte de la Gran Tenochtitlán.
La mitología de los fundadores de Mitla se
arrastra a un tiempo del cual no sabemos nada. El maestro Marcos de Zaachila
narra que “ya brotados los árboles, en vez de frutos, dieron pájaros de mil
colores, que por largo tiempo anidaron en sus ramas; luego caían a tierra y se
desplumaban, convirtiéndose en hombres”. Luego de vivir unos dos mil años en el
valle, un dios les reveló a los zapotecos que serían “custodios del sitio
sagrado por donde siempre entran y salen las personas”. En uno de sus Códices
se narra cómo “se les señaló un lugar en el que debían construir una ciudad
ubicada en el umbral de lo que no termina”. Así nació Mitla: como un sitio que
custodia una entrada a la eternidad.
En la "Monografía Zapoteca" de
1982, publicada por el Instituto Nacional Indigenista de México, leo: “A pesar
del predominio del culto católico, son muchos los pueblos en los que persisten
algunas creencias de origen prehispánico, como la referida a ciertos animales
presumiblemente totémicos, conocidos como tonas, con los que está relacionada
una persona desde su nacimiento... Hay animales guardianes como el perro, que
cuida la que fue la sede religiosa y necrópolis más importante de toda el área
zapoteca, Mitla, considerada como tierra bendita y entrada al mundo subterráneo
y a la eternidad, ubicada en el centro de la Tierra”.
La religión totémica zapoteca les inspira
una reserva de su nombre tribal, porque ellos a sí mismos jamás se nombran
“zapotecos”. Creen que todas las cosas tienen un nombre mágico (como parece
ser) que no debe pronunciarse, así es como sus recién nacidos, además del
nombre oficial, tienen otro nombre animista que solo sus padres y parteras
conocen: esta es una práctica vigente, y
el nombre secreto humano también lo es en lo que les rodea, por lo que no se
sabe el nombre real de Mitla inventándose muchas hipótesis para explicar la
designación del sitio, donde lo primero que impacta son sus construcciones de
piedra tallada, considerada entre las más bellas que nos legó la antigua
América. En el “Vocabulario”, de Córdoba, se lee que, en voz zapoteca, uno de
los nombres del santuario era el de Lichbaana, o Vohobaana (lugar sagrado, casa
de veneración). Según Burgos, el nombre propio de Mitla es
Yoho-pechelichi-pezelao o “fortaleza de Pezelao, el supremo de los oráculos
gentiles.”
Para los cronistas contemporáneos del pueblo
zapoteco, como don Marcos de Zaachila, “en zapoteco el sitio se conoce como
Lyobaá, que significa lugar de descanso. Mitla es la residencia del sumo
Huijatóo, Pontífice de la Eternidad. Él
cuida la puerta por donde se entra a la vida y se sale a la existencia. El nombre verdadero de Mitla es
impronunciable, de tal fuerza que quien lo dice cae muerto”. La palabra mitla
es de origen náhuatl; los aztecas llamaban al sitio Mictlán o infra mundo, la
tierra de los muertos. El Mictlán era un lugar místico dentro de la concepción
filosófica de los pueblos mesoamericanos, punto de contacto entre la vida y la
muerte, entre la tierra y la nada; existieron en toda Mesoamérica varios
accesos a los dominios del Mictlán, pero Mitla se hizo la puerta legendaria. El
misticismo religioso que evocaba el sitio a los indígenas del siglo XVI, hizo
que los españoles le llamaran San Pablo Mitla, en honor a este santo que vivió
en una caverna. Pero en ellos ciertamente despertó inquietudes que no
comprendían, y prefirieron olvidarla, pasando casi desapercibida, registrándose
destrozos solamente en el sitio donde se construyó el templo cristiano sobre
uno de estos monumentos a la muerte, en su tiempo lugar de adoración de las
divinidades zapotecas y de entierro sagrado de los reyes y personajes de alto
rango sacerdotal de Zaachila o Teozapotlán. En todo caso, es uno de los pocos
sitios arqueológicos que viniendo del período clásico, los españoles alcanzaron
a ver en operación, aunque jamás pudieran comprenderlo. Era imposible que
entendieran lo que Don Juan intentó enseñar a Carlos Castaneda: que la única
compañera sabia que tenemos en la vida es, precisamente, la muerte, quien nos
puede enseñar a no aferrarnos a persona, objeto o sentimiento. Una vez cumplida
la tarea, partir.
Mitla se localiza a unos 40 kilómetros al
sudeste de la ciudad de Oaxaca, en el valle de Tlacolula; existen camiones como
taxis colectivos de recorrido regular. Sólo es posible verla de día, porque
además de la jauría de perros que la ocupa al caer el sol, está prohibida su
entrada a partir de las 17:00 horas. Lo que se encuentra expuesto al público
fueron en su tiempo edificios administrativos y palacios: alrededor del año 800
antes de nuestra Era, la población estaba asentada donde actualmente es
inaccesible por los trabajos arqueológicos, pero se nota que en lo que hoy es
terreno de cultivo yace enterrada parte de la ciudad. De acuerdo con las
evidencias históricas, como la escritura dibujada a manera de grecas
sofisticadísimas en la mayoría de sus muros, en que repta magnífica la figura
de la serpiente en los mosaicos de piedra, así como en la cerámica policroma
que se ha rescatado, Mitla estaba asentada desde la época clásica; cuando Monte
Albán fue abandonado en el siglo VI y VII, surgió Mitla como uno de los más
desarrollados centros controladores de los Zapotecas del valle. Sólo la gran
religiosidad y capacidad técnica logró obtener las miles de piezas que ajustan
a la perfección una con otra para el armado de las grecas de los monumentales
tableros que aún asombran y desafían a los maestros canteros, en su matemática
perfección. Brilló como foco religioso y político en Mesoamérica durante unos
ochocientos años, desde el siglo VIII hasta la llegada de los conquistadores
europeos. El arqueólogo Marcus C. Winter, con el apoyo del I.N.A.H. ha realizado
junto a otros científicos, como Roberto Zárate Morán, importantes
investigaciones en la zona, como verificación de fechas con carbono 14; dice:
"-Probablemente la distribución de
Mitla obedeció a un plano previo; actualmente las estructuras excavadas están
ubicadas en cinco conjuntos: Las Columnas, La Iglesia, El Arroyo, Los Adobes y
Sur; siendo las más visitadas y mejor
conservadas el de Las Columnas y el de La Iglesia. Aquí hay dos tipos de
construcciones: 1) Compuestos de dos cuadrángulos formados por un patio
limitado por plataformas que sostienen edificios de planta rectangular a los
lados; tal es el caso del grupo de Las Columnas, El Arroyo y La Iglesia. El
acceso al patio principal fue por las esquinas, ya que se puede ver unos
escalones en el ángulo noreste del patio de Las Columnas. 2) El otro lo forma
un solo cuadrángulo limitado por construcciones de forma piramidal con
escalones, como se ve en los grupos de Los Adobes y Sur".
La Iglesia, dedicada a San Pablo, se
construyó en 1590 y no tiene nada
que ver con Mitla; con modificaciones posteriores, la Iglesia fue
construida encima de las estructuras prehispánicas del llamado grupo Norte, que
hoy contrasta en el lugar como un monumento fuera de sitio. Esto imposibilita
la excavación de
esta área, sin embargo, lo que se
puede ver basta como muestra de que es esta una ciudad gloriosa del pasado de
la raza. Se sabe por el historiador oaxaqueño José Antonio Gay, que bajo esta
estructura sobre la cual se construyó la iglesia, existía la entrada a una
gruta muy profunda que daba a un lugar secreto, y que por su importancia debió
ser el sitio principal, creyéndose que incluso Mitla se construyó por la
existencia de la misma gruta. Escribió José A. Gay:
"En aquel palacio subterráneo la boca
de la gruta estaba cerrada con una pesada losa que se levantaba en determinadas
ocasiones... Se dice que esa cueva corre debajo de la tierra no menos de cien
leguas. Burgoa entiende que no excedía de treinta, y cuenta que después de la
conquista, sabía su extrema profundidad por algunas personas curiosas, que se
propusieron reconocerla en toda su extensión. Llegado el día señalado,
encendieron las teas, tendidos los cordeles para evitar un fatal extravío y
seguidos de muchedumbre de indios, varios religiosos de Santo Domingo y
personas principales de la ciudad descendieron al palacio subterráneo e
hicieron levantar la losa que cerraba la gruta. Adelantaron algunos pasos en
aquella sombría mansión de los muertos, y a la luz de las antorchas distinguieron
prolongadas filas de gruesas columnas que sustentaban la techumbre. Hubieron
continuado adelante en aquellas lóbregas galerías, si el miedo importuno no les
da un pavoroso asalto. Pero observaron que el suelo era húmedo en extremo, que
se arrastraban cerca peligrosas sabandijas y que el aire que se respiraba
distaba mucho de ser puro; a esto se agregó un golpe de viento que súbitamente
apagó las teas: se apresuraron, pues, todos a salir, tapiando enseguida la
entrada con cal y cantos, como permanece hasta el día".
Son bellísimas sus construcciones
ornamentadas con mosaicos de grecas continuas con variaciones casi
imperceptibles para el observador ocasional; se calcula que solo en el patio de
Las Columnas, hay más de cien mil piezas talladas en una sola de sus paredes.
Son estas formas geométricas labradas con tal esmero que hipnotizan. En todo el
pueblo se pueden observar vestigios del centro ceremonial como el Grupo del
Adobe, donde se aprecia un basamento temprano (250 a 750 de nosotros): en la
cima todavía se localiza un convento de 1674 conocido como El Calvario. Otro
grupo abierto al público es el del Arroyo, que en la época de la Colonia fue
utilizado como basurero. Mencionemos también que el último rey zapoteco,
Cosijopí, quien además de convertirse aparentemente al cristianismo y gastar
toda su riqueza en la construcción del convento de Santo Domingo en su nativa
Tehuatepec, luego fue procesado por el Santo Oficio, ya que se le sorprendió en
el ejercicio oculto de su antigua religión. El mismo obispo que persiguió a
Cosijopí y a los sumos sacerdotes de Mitla, llamado Fray Bernardo de
Alburquerque, mandó construir entre 1535 y 1580 la fachada del edificio del
Obispado (al costado norte de la Catedral de Oaxaca) a imagen y semejanza de
una fachada de Mitla, para fortalecer la imagen de fuerza de la nueva religión.
Dicen los arqueólogos que varias veces a
través de los siglos, Mitla fue saqueada. Las cajas de piedra cruciforme
encontradas bajo algunos palacios excavados -totalmente labrados con escrituras-
estaban en su mayoría saqueadas en épocas insospechadas. Estas ofrendas eran
riquísimas por las que se han encontrado intactas, con importantes piezas de
oro, plata y cobre, de jade, turquesa y obsidiana, así como vasijas,
instrumentos domésticos y rituales que recuerdan a una de las más ricas
sociedades arcaicas. Mitla es en verdad una joya en sí misma. El conjunto de
Las Columnas, por ejemplo, es una arquitectura espléndida: consiste en una
serie de seis columnas paralelas a la fachada labrada totalmente, perfectamente
ornamentadas. Desde los techos se divisan grandes rocas dispuestas a manera de
cielo con una ligera pendiente hacia los patios. Mirando al noroeste de la zona
se observan restos de fortificación de roca natural complementada artificialmente,
con fines evidentemente defensivos. El salvamento y restauración de Mitla es un
trabajo que se viene realizando hace unos cien años. Dice el arqueólogo Marcus:
“-Se han hecho diferentes intervenciones en
varias etapas para la protección de Mitla, básicamente en algunos grupos, como
Las Columnas y La Iglesia; construcciones de la barda que se encuentra al este
para delimitar la zona, colocación de vigas y de fierro debajo de los dinteles
cuarteados para su protección, colocación de aplanados en las paredes,
reconstrucción de plataformas, integración de grecas caídas, protección de los
coronamientos de los muros...”
Pero no es suficiente ni mucho menos, porque
se une al trabajo de preservación de lo que se ha rescatado, lo que aún hay que
desenterrar, que nadie sabe cuánto es. Es que Mitla cayó en el olvido durante
cientos de años, y solo se rompió a finales del siglo XIX, cuando la zona dejó
de ser un paraje prohibido, sembrado de misterios, encantado como se le
consideró siempre durante la Colonia. Los Zapotecas fueron los únicos que
siguieron honrando Mitla, que visitaban el sitio por lo menos una vez al año,
toda su comunidad, costumbre venerada que a partir de la Colonia comenzaron a
celebrar cada 1° de enero, nombrándosela ahora Fiesta de la Santa Cruz de
Mitla, en que todo un pueblo, por orden del dios de voz secreta, recuerda su
nombramiento de custodio de la puerta por la que se entra y se sale.
No es mucho lo que queda de Mitla, pero es
excepcional. Cuatro grupos de edificaciones se han rescatado; de una no quedan
más que paredes derruidas; en el segundo grupo, rodeados por cuatro salas, hay
dos subterráneos (pues Mitla estaba toda comunicada por caminos bajo tierra).
En torno a un patio, se encuentra el más importante de los grupos de edificios
que se conservan; uno de ellos es la sala de las Columnas que, por un pasillo,
lleva al Palacio de los Tableros, donde se aprecia en sus muros una de las más
nobles obras de arte de la antigüedad: diez mil piezas de cerámica ajustadas
que forman en grecas un propio lenguaje, representando elementos como el agua,
el viento, y fenómenos como la lluvia. Esta planta arquitectónica (un patio
central y cuatro habitaciones en su costado), se observa en casi toda la
arquitectura mesoamericana. En su conjunto, forma la llamada Cruz de
Quetzalcóatl o Quincunce, los cinco puntos integrados por el patio y las cuatro
habitaciones; esta cruz tiene el punto central que simboliza el encuentro del
cielo y la tierra, el "co" o centro esotérico, y también constituye la
figura clásica de Venus como estrella de la mañana. Está aplicada aquí la
todopoderosa Ley del Centro, donde se transfigura la alianza creadora entre la
materia y el espíritu.

Para don Marcos de Zaachila, Mitla al igual
que otras ciudades ceremoniales del pasado de América, no fue concebida ni como
palacio, fortaleza o tumba. El esfuerzo realizado en mover, tallar y ensamblar
las monumentales piedras, tenían su origen en un conocimiento que ahora no
entendemos, "y que estaba directamente relacionado con una forma de
interpretar la energía de la vida inconcebible para nosotros en estos
tiempos." Nos dice:


“En el
campo de Mitla, un día
de
cigarras, de sol, de marcha,me doblé a un pozo y vino un indio
a sostenerme sobre el agua,
y mi cabeza, como un fruto,
estaba dentro de sus palmas.
Bebía yo lo que bebía,
que era su cara con mi cara,
y en un relámpago yo supe
carne de Mitla ser mi casta”.
(c)Waldemar Verdugo Fuentes.
FUENTE: Artes e Historia-México
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